Hola,
«Una cola cortada de tiburón choca contra la cara de Goto Dengo; se agarra a ella. Los tiburones se los están comiendo; ¿por qué no iba él a hacer lo mismo? En los restaurantes de Tokio piden mucho dinero por el sashimi de tiburón. La piel de la cola del tiburón es dura, pero hay trozos de músculo colgando del trozo partido. Hunde la cara en la carne y se alimenta de ella»
Pues lo prometido es deuda. Así que (¡por fin!) aquí va la reseña de esta segunda parte de la magnífica novela de Neal Stephenson titulada Criptonomicón, que aquí en España se publicó en tres partes, y de cuya primera entrega ya hablé hace unos meses.
Si la primera novela era, fundamentalmente, Lawrence Prittchard Waterhouse y sus locuras, en esta segunda entrega cobra importancia un personaje que, en la primera entrega, era sólo un secundario: el japonés (y amigo del sargento Bobby Shaftoe, aun a pesar de las circunstancias) Goto Dengo. Se trata de un militar que es lo más parecido posible a un ingeniero de minas, sólo que sin titulación. Y que después de sufrir un periplo espectacular al estar metido en varios fregaos que demuestran que el ejército japonés va a perder la guerra, resulta que va de Málaga a Malagón... aun a pesar de estar entre los suyos. Pero mejor no adelantemos acontecimientos.
No obstante, tampoco conviene dejar atrás al resto de personajes. Lawrence conocerá por fin al sargento Shaftoe, quien se verá involucrado en el destacamento 2702 sin saber muy bien cómo ha sucedido. Rudy, el antiguo amante de Alan Turing, creará un elegante código criptográfico para los alemanes, muy difícil de romper... según cómo se mire, claro (tampoco adelantemos acontecimientos). Y los descendientes de estos caballeros, esto es, Randy y Amy, descubrirán que hay guerras que no se libran con armas, sino con abogados.
Esta segunda entrega se centra más en las implicaciones sociales y estratégicas de la guerra: los planes de Japón hacia Filipinas, las chapuzas y las brillanteces que ambos bandos hicieron intentando romper los códigos ajenos, las batallas y las implicaciones sociales y morales de una guerra y de aquellos que las libran (por no hablar del sufrimiento de aquellos, esto es, civiles, que sufren la crueldad de las tropas)... y también, en la época actual, la corrupción política y moral y el blanqueo de dinero a gran escala. Y la avaricia, por supuesto. También se habla de los problemas de la deserción, tanto desde el punto de vista del Eje como de los Aliados, y de la situación de los países 'neutrales', como Suecia y Noruega, durante la Segunda Guerra Mundial.
Por cierto, Stephenson logra crear un ambiente propio para cada personaje, atendiendo a sus raíces culturales y a su entorno. Algo que es de destacar en la literatura actual, donde muchos personajes son planos y "políticamente correctos" (esto es especialmente sangrante en las muchas veces mal llamadas novelas históricas, donde se presenta a personajes medievales con psicología moderna).
Y otra cosa más: el título de la novela deja bien claro que no se pensó publicar ésta como tres entregas diferentes. Más que nada porque alude a un código, que Stephenson llama Pontifex por motivos que se revelan en la tercera entrega, y que en realidad se trata de un código llamado Solitario.
Seguiremos informando de la tercera entrega, que ya está leída, pero de la cual aún no he buscado la frase adecuada.
Besotes







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